¿Como ayudar a nuestros hijos con sus tareas y no morir en el intento?


Si bien sabemos que nadie morirá literalmente por realizar o ayudar a alguien a hacer una tarea, muchas veces, tenemos la sensación de que esto ha logrado superarnos. Nos resulta agotador, con una mezcla de sentimientos no gratos: enojo, cansancio y frustración. Algo que debería realizarse en un breve tiempo, nos terminó llevando, sin darnos cuenta, toda la tarde.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de TAREA? Este vocablo proviene del árabe tariha, que significa “asignación o trabajo que debe hacerse en corto tiempo”. Desde el punto de vista pedagógico, es un deber que el maestro le asigna al alumno para que lo realice fuera del ámbito escolar. Y si bien, hoy en día, continúa el debate pedagógico entre los mismos maestros si conviene o no “dar tarea”, lo cierto es que es esperable que los chicos de la escuela primaria en adelante reciban tal comisión.
Ahora bien, más allá de estar o no de acuerdo con “la tarea”, la realidad es que hay que hacerla. La comprensión de lo que realmente significa “hacer la tarea” puede ayudarnos a enfocarla de una manera distinta y, de esta forma, acompañar a los chicos en sus deberes con una actitud distinta que es, en definitiva, lo que hará la diferencia.
En primer lugar, es importante comprender a quién va dirigida la tarea: esta va dirigida al alumno. Muchas veces resulta que, en medio de la vorágine de la vida y los quehaceres de la casa, la tarea se torna en un enemigo familiar, una actividad que “nos quita tiempo” para hacer otras cosas importantes, y la termina haciendo un adulto.
La tarea tiene por función ejercitar, automatizar, reforzar y aplicar lo aprendido en clase, y nos puede indicar si los chicos están comprendiendo el tema en cuestión o no. Pero, por sobre todas estas cosas, la función que tiene la tarea es promover una responsabilidad por parte del alumno.
Nadie nace responsable. La responsabilidad es un proceso que, como todos, lleva tiempo y se inicia en el seno familiar. Además, es trabajoso y requiere un gran esfuerzo por parte de los adultos, ya que los chicos aprenden por imitación. Cuanto antes se comience a desarrollar esta virtud, mejor calidad de vida tendrá esa persona porque podrá, llevado a otros aspectos de la vida, valerse por sí misma, lograr autonomía, y tomar decisiones y afrontar sus consecuencias.
Por esto mismo, como adultos no debemos desestimar la hora de la tarea, sino proyectarla como una actividad que promueva la responsabilidad.
En reiteradas ocasiones, las familias se acercan a la escuela (o envían una nota a través del cuaderno de comunicaciones) para decirnos a los docentes que no pudieron hacer la tarea por falta de tiempo. No hacer la tarea no siempre es consecuencia de desorganización o irresponsabilidad: surgen en la vida situaciones o acontecimientos particulares que no nos permiten contar con el tiempo para realizarla. Ante estos casos excepcionales, siempre es preferible avisar al maestro. ¿Por qué? Básicamente porque no se están cumpliendo los objetivos para los cuales fue enviada.
Otras veces, observamos, en los cuadernos o carpetas de los chicos, letras o dibujos de adultos intentando “cumplirle al maestro” como si la tarea fuera para él, pero no nos damos cuenta de que esto promueve un discurso negativo para los chicos: “si no llegas con la tarea, no importa, siempre habrá un adulto para hacerla”; y los niños son muy perspicaces en esto. Con una sola vez que suceda esto, basta para sentar precedente. Los niños tienen que aprender que cada ser humano, de acuerdo a su edad, tiene una tarea que realizar y hacerse cargo de ella.
En segundo lugar, la realidad nos muestra que la tarea puede generar una lucha de poder. Ante esta situación debemos evitar el ruego por parte del adulto y reemplazarlo por consignas claras e imperativas. Este punto es importante porque se pone en juego la autoridad del adulto. Hay ocasiones en las que le podemos ofrecer la posibilidad de elegir entre varias opciones, pero hay otras en las que, sencillamente, hay que cumplir con el deber. Quizá podemos darle la opción de elegir si hacer la tarea antes de dormir la siesta o después, pero no podemos preguntarle si la quiere hacer o no.
En concreto, ¿cómo podemos, como adultos, ayudar a los chicos de manera efectiva al hacer la tarea? A continuación proponemos algunas herramientas básicas que nos pueden asistir:
.Ser conscientes de que el niño es quien hace la tarea y el adulto acompaña chequeando que haya comprendido la consigna.
.Organizar una rutina y que la tarea esté incluida en ella. Las rutinas anticipan, regulan la conducta y dan seguridad.
.Buscar, en lo posible, un lugar despejado, cómodo, con buena iluminación y libre de distracciones.
.Observar qué momento del día es el más adecuado para hacer la tarea. Esto dependerá en gran medida del turno en que los chicos vayan a la escuela.
.No excederse más de 45 minutos, dependiendo de la edad. Si la tarea es muy larga, intercalar con espacios de descanso breves.
.Siempre es preferible comenzar con las tareas más complejas porque el nivel atencional es mayor al inicio de cualquier actividad.
.Cuando los chicos son más pequeños, los adultos podemos funcionar como su memoria. Por ejemplo, a los niños que están comenzando a leer, decodificar las palabras les genera una importante sobrecarga en la memoria que están empleando y, quizá, luego de leer todo ya no recuerdan las primeras palabras. Debido a esto, es importante que el adulto vaya acompañando este proceso para que logren comprender la consigna.
.Evitar la rivalidad entre hermanos mientras hacen la tarea. Los hermanos mayores suelen desestimar lo que hacen los más pequeños porque para ellos es “fácil” generando una situación conflictiva. En otras ocasiones, dan el resultado o la respuesta evitando que el niño piense por sí mismo.
.Revisar el cuaderno/carpeta todos los días, en especial con los chicos que transitan la escuela primaria, sea primer o segundo ciclo. En estos periodos todavía necesitan del control y la ayuda del adulto.
.En el segundo ciclo (4º a 6º año), es importante fomentar el empleo de una agenda escolar como herramienta de planificación y control de tareas.
Por último, es sumamente importante hablar con el maestro, conocer su forma de trabajo y escuchar sus sugerencias; los nuevos enfoques de enseñanza nos exigen actualizarnos para poder acompañar de manera significativa desde el hogar sin generar confusiones en los niños.

Daniela Soto
Docente
Psicopedagoga
M.P 112595

 

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