El Juego compulsivo

Nota publicada en Clarín por Graciela Gioberchio (05/09/11)

La adicción al juego no es un vicio, sino una peligrosa enfermedad.

Quienes la sufren intentan tapar otros problemas. Se puede tratar con terapia.

NO VA MAS. UNA MEDIDA INDISPENSABLE ES QUE EL PACIENTE EN TRATAMIENTO NO FRECUENTE LAS SALAS DE JUEGO. Ampliar

Mentiras reiteradas, peleas familiares, autodestrucción económica. Estas son sólo algunas de las consecuencias que ocasiona la pasión desenfrenada por jugar al bingo, a la ruleta, a las máquinas tragamonedas o a las cartas. La adicción al juego de azar o ludopatía –el nombre de este mal de carácter psicológico– es cada vez más frecuente en el país, de la mano del crecimiento de las salas de juego.
En los espacios, públicos y privados, que llevan adelante programas para atender a ludópatas y apuntalar la prevención, dicen que el juego compulsivo no es un vicio como muchas veces señala la opinión popular, y aseguran que se trata de una enfermedad que requiere tratarla como tal.

¿Cómo reconocer la adicción al juego compulsivo? La psicóloga Débora Blanca, que junto a Luz Mariela Coletti escribió el libro “La adicción al juego ¿No va más…?”, responde: “El vínculo patológico con el juego va pasando por distintos momentos, al principio la persona gana o pierde pero igual se engancha, y lo vuelve a intentar con el pensamiento mágico de que pueden dominar al azar”.

La especialista que dirige Entrelazar, el Centro de Investigación y Tratamiento de la Adicción al Juego, agrega que en adelante la persona no puede parar de perder y se envuelve en un círculo fatídico. “Cree que va a ganar y si gana quiere volver, y si pierde quiere volver a recuperar. Comprueba que si gana no para de jugar hasta perder todo, luego los reproches y la culpa lo torturan y lo empujan a volver a recuperar lo perdido y lograr cierto alivio. Eso es la impulsión: no puede torcerse mediante la razón o la voluntad”.

¿Cómo se trata entonces al ludópata? “El adicto no encuentra otra manera de tapar lo que le duele (angustia, depresión, soledad, falta de proyectos). ‘Juego porque me olvido de todo’, dicen; pero es momentáneo. Las adicciones son un refugio, son sólo un síntoma. Por eso se trabaja con lo que quiso tapar. Según el caso, se necesita un complemento psiquiátrico. Y siempre que se pueda se incluye una terapia familiar. Hay que tratar al paciente antes del deterioro familiar, económico y psiquiátrico que en algunos casos los conduce al intento de suicidio como única salida”, advierte Coletti.

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