Autoestima

Mirándonos más allá del espejo…

¿Qué vemos cuando nos miramos al espejo? Los demás, ¿también nos perciben de la misma forma? ¿O tal vez nuestro espejo nos devuelve una imagen distorsionada de nosotros mismos?

Jacques Lacan (psicoanalista francés) describe como “El estadio del espejo” a una fase del desarrollo psicológico del niño, que se produce alrededor de los 6 meses; en la cual el bebé se observa frente al espejo y adopta esa imagen como propia, formándose así la instancia psíquica llamada “yo”. Podríamos describir al “yo” como la conciencia que tenemos de nosotros mismos.

En la infancia, a su vez, se va desarrollando nuestro “Ideal del Yo”, que lo podríamos explicar como “lo que desearía ser”. Sigmund Freud (el padre del psicoanálisis) indica que este ideal se va formando en base a los mandatos y enseñanzas que recibimos de nuestros padres y educadores. Siguiendo los conceptos de Freud podríamos  describir a  la autoestima como la distancia entre el “yo” y el “ideal del yo”. Por lo tanto, podría decirse que cuanto más lejos está nuestro “yo” de nuestro “ideal de yo”, más baja será nuestra “autoestima”; en cambio cuanto más cerca este, nuestra “autoestima” será más elevada.

¿Cómo es el concepto que tenemos de nosotros mismos? Este se va moldeando a lo largo de nuestra vida según la imagen que nos devuelven los seres que nos rodean, en especial los más cercanos, como nuestros padres, personas que admiramos, nuestros pares. No siempre, la imagen que nos devuelven es positiva. A veces, recibimos palabras negativas o sufrimos experiencias traumáticas que dejan huellas y marcas en nuestro espejo, y nos hacen vernos de forma negativa.

¿Qué pasa cuando nuestro ideal es demasiado alto, inalcanzable y nunca estamos a su altura? Posiblemente nos sintamos insatisfechos, disconformes con nosotros mismos, frustrados.

Será necesario comenzar a revisar si ese ideal es coherente, y comenzar a bajarlo a la realidad y empezar a valorar nuestros esfuerzos.  Tomemos un momento para mirarnos al espejo y detectar cuales son esas huellas o marcas que han manchado nuestro espejo y nos condicionan a ver en él una imagen negativa, para limpiarlo basándonos en la realidad, en nuestros logros. Preguntemos a la gente que nos rodea si ve lo mismo que vemos. “Soy desagradable, soy inútil, todo me sale mal, a nadie le importo…”  son algunas de las cosas que nos decimos. ¿Será cierto?

Miremos más allá del espejo y construyamos una autoestima sana, equilibrada, acorde con la realidad. Comencemos a amarnos más a nosotros mismos, a identificar nuestro potencial y proyectarnos hacia adelante con metas cortas, alcanzables, posibles. Aceptemos nuestros errores e intentemos mejorar poco a poco. De esa forma, gradualmente  nos sentiremos mucho mejor al enfrentarnos a nuestro espejo. Y al sentirnos mejor con nosotros mismos, podremos conectarnos mejor con nuestro entorno.

Hace 2000 años ya  fue escrito: “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39)

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura…” (Romanos 12:3)

Lic. Noemí Ainscough

Psicóloga

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